viernes, 15 de abril de 2016

CONDENAN A LAS PROSTITUTAS PERO NO A LOS CLIENTES



¿Cuáles son las actividades económicas más visibles de las transgéneros que viven en la ciudad de Quito?

La peluquería, la cocina y la prostitución. Las mujeres transgénero revelan que la clave para el éxito en el negocio de la prostitución está en no amputarse el pene, quienes optaron por la adquisición de una vagina mediante cirugía, perdieron en este negocio.

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La peluquería, la gastronomía, la prostitución y trabajos degradantes que ya han sido rechazados por otras personas. A las transgéneros que han conseguido algún empleo se les asignan las actividades de máximo esfuerzo físico y mínima rentabilidad. A las transgéneros que laboran como cocineras les está prohibido cualquier intento de solicitar aumentos salariales, si no se comportan sumisas y recatadas, son despedidas.

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Entre las actividades económicas más visibles se encuentran el trabajo sexual negociado en la calle, trabajo en gabinetes de belleza como empleadas o como propietarias, trabajo en gastronomía, meseras de restaurantes, costureras, esoterismo o choferes. No todas las que se prostituyen lo hacen en la calle o a través del internet, algunas tienen un grupo de clientes a los que atienden en sus domicilios. La prostitución es un evento de supervivencia que tiene corta duración, los usuarios de este servicio contratan a las transgéneros que son casi adolescentes, las más adultas no tienen clientela. Algunas transgéneros trabajan motivadas por el sueño de construirse como mujeres. Ciertas transgéneros, ante la reprobación social, se han visto obligadas a suspender temporalmente su metamorfosis, en esta interrupción han trabajado disfrazadas de hombre, con la decisión de ahorrar dinero e instalarse un negocio. Posteriormente y mejores condiciones económicas, continúan con su transformación.

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El estilismo, la gastronomía y las ventas ambulantes. Muchas transgéneros han arribado a Quito con la intensión de buscar un trabajo y no lo consiguen, pero se les abre un espacio laboral en el mundo de la prostitución, pues las ofertas les llueven a borbotones. Para las transgéneros solo es cuestión de perder la vergüenza, la repugnancia y pararse en una calle, con un par de buenos tacones, una minifalda, mucho maquillaje y con una expresión de “mujer de vida alegre” se inician en el trabajo sexual, sin ningún trámite legal que deban cumplir, la edad en la que se inician las transgéneros en la prostitución es a partir de los 16 años. La oferta de sexo es uno de los más importantes negocios, muchas se ofrecen por internet y por lo tanto se convierten en prostitutas costosas, sus tarifas por trabajo sexual son más altas y el ejercicio de la prostitución es más higienizado, discreto y seguro. En una sociedad represiva como la nuestra, el sexo clandestino es muy cotizado.

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Se dedican a la peluquería, a la cocina, son propietarias de cantinas, “guarida de gente depravada” o “viven del cuento y la mentira”, pues nadie les da trabajo. No todas las transgéneros hablan de sus trabajos, algunas mantienen su actividad laborar como un secreto, además siempre utilizan un nombre alternativo, por lo que jamás se llega a conocer el nombre real. Su movilidad en la ciudad es intensa, están siempre preparadas para irse a vivir a otro sitio, los vecinos se cansan rápidamente de ellas, ya que las consideran muy peligrosas. El trabajo más decente que puede ejercer las transgéneros es la peluquería y la cocina.

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Las transgéneros que consiguen trabajar lo hacen en peluquerías, en restaurantes, como vendedoras o como empleadas de bares y cantinas. El ejercicio del trabajo sexual en las transgéneros es solo por necesidad. Si una persona elige libremente el trabajo sexual que lo defienda, que se ponga la camiseta de trabajadora sexual y de la cara, este trabajo debería recibir el tratamiento de los trabajos autónomos con deberes y derechos. El problema es que los medios de comunicación frivolizan a las transgéneros y las presentan como caricaturas de mujeres, adecuadas para generar chistes de mal gusto y para realizar trabajo sexual callejeado. Para las transgéneros que tienen estudios superiores es imposible encontrar trabajo en su profesión, desde que asumieron su identidad transgénero se les cerraron todas las posibilidades de tener un trabajo digno, las transgéneros que disponen de títulos de tercer nivel, en el mejor de los casos terminan trabajando como peluqueras, la más maltratadas terminan como prostitutas. En el mundo de las transgéneros, se prefiere profesiones liberales, ligadas al arte, a la cosmética, en esos oficios hay menos resistencia en el entorno, los trabajos sobre todo los relacionados con las ciencias exactas son más estructurados y por lo tanto menos flexibles.

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Trabajos manuales de poco valor agregado y la prostitución. Es muy desagradable ver a las transgéneros trabajar en la prostitución, pero para las que viven en situación de pobreza extrema no les queda otro camino que perder el miedo, el pudor y la repugnancia o se mueren de hambre. Las transgéneros más jóvenes perdieron la esperanza de encontrar un trabajo digno y a una persona que las ame tal como son, en el mundo de la prostitución los clientes les hacen sentir que valen para algo, mientras haya clientes va a ver trabajo sexual. Algunas personas ingresan al mundo de la prostitución, fugazmente, para dar rienda suelta a fantasías sexuales salvajes y extravagantes, pero la prostitución en la mayoría de los casos no es por vocación, como actividad riesgosa debería ser examinada y vigilada por la sanidad y la policía, para que las sexoservidoras no sean víctimas de la enfermedad y la violencia.

Las trabajadoras sexuales deberían pagar impuestos y tener un seguro social. La regularización de esta actividad, evitaría los sórdidos espectáculos callejeros que las trabajadoras del sexo protagonizan. Las trabajadoras sexuales alquilan sus órganos sexuales para ofrecer placer, muchas personas se ganan la vida alquilando partes de su cuerpo, para diferentes propósitos.

Muchas prostitutas transgénero ejercen este oficio por libre decisión, es la mejor opción de trabajo que han encontrado, en donde pueden negociar con un cliente o rechazar la propuesta, si la oferta económica no les es favorable. El éxito económico alcanzado por algunas de estas trabajadoras sexuales las ha distanciado totalmente de la mayor parte del colectivo transgénero, pero las ha aproximado al mundo de las mujeres biológicas que trabajan como prostitutas de lujo.

En la prostitución opulenta, los clientes son un recurso económico, celosamente protegido por las sexoservidoras, para precautelar su fidelidad. Las prostitutas de lujo disfrutan de mucho dinero, farras interminables y clientes poderosos. Utilizan mucho tiempo en el cuidado obsesivo de su aspecto físico, viven despilfarrando sus ganancias como si nunca fueran a envejecer, la prostitución de lujo también es peligrosa, debería ser regulada por medio de ordenanzas municipales.

Una buena parte del dinero ganado por las transgéneros trabajadoras sexuales, termina en las manos de sus amantes, los mantenidos utilizan esta riqueza para comprar banalidades, sustancias sicotrópicas, alardear poder económico o para halagar a las mujeres biológicas que utilizan para encubrir su “doble vida”.

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La peluquería, la cocina, el aseo de servicios higiénicos, pero para algunas transgéneros la principal actividad económica es la prostitución callejera, que es un trabajo sumamente peligroso y además anatematizado por toda la sociedad, pero no tienen alternativa, nunca se han podido cedular, porque fueron inscritas en el registro civil como hombres y en las oficinas de cedulación no las quieren cedular con identidad femenina, esta situación las convierte en ilegales en todas partes. Nadie quiere tener cerca a una persona sin familia, sin formación educativa, sin documentos y en estado de prostitución callejera. Las prostitutas transgéneros más jóvenes reúnen dinero para instalarse un gabinete de belleza, saben que el trabajo que realizan es muy peligroso, cada cliente en un riesgo de muerte. A ningún ser humano le gusta la prostitución callejera, eso es lo último que le puede pasar a una persona, pero no tienen otra forma de conseguir dinero para su sustento.

El trabajo sexual es relegado al plano de la inmoralidad, se condena a las prostitutas, pero no a los clientes que son quienes inducen este tipo de servicio con ofertas económicas seductoras, los clientes merecen un análisis particular, no son delincuentes ni tienen perversión sicológica, sin embargo necesitan de una prostituta transgénero para realizarse sexualmente, para no volverse neurasténicos y para sentirse vivos. Es necesario el diálogo con las autoridades para que permitan el ejercicio de la prostitución a quienes quieran estar en ese mundo, pero en sitios seguros y que no afecte a la sensibilidad de las demás personas. Para muchas personas el servicio sexual es el único modo de ganarse la vida, sin dañar directamente a otras personas. La mujer o varón que ingresa al sitio de trabajo de una prostituta transgénero, tiene dinero en mano y total consciencia de la que va hacer. Algunos varones escogen a sus parejas definitivas de entre las prostitutas transgénero, estas relaciones pueden durar mucho tiempo, pues estos amantes, ocultos del orden social son inmensamente felices.

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Son estilistas, trabajadoras sexuales, cocineras o se dedican al esoterismo, pero la mayoría sobreviven en condiciones de miseria y desempleo. En una visita nocturna a los sitios en donde laboran las trabajadoras sexuales, se encontró a jóvenes transgéneros de 16 años de edad laborando sin documentación. Por los cambios faciales extremos que estas adolescentes se han practicado, no van a poder cedularse, estas jóvenes se han convertido en ilegales en su propio terruño. Los hermanos degenerados, de las transgéneros trabajadoras sexuales, sin ningún escrúpulo, captan clientes para sus hermanas. Las prostitutas transgéneros que comparten con su familia las ganancias de su oficio, reciben algún apoyo familiar.

Muchos padres matan simbólicamente al hijo que ha adoptado una identidad femenina, anunciando su deceso y lo recuerdan únicamente con misas de réquiem, como sí en la realidad hubiese muerto. Los familiares íntimos de las mujeres transgénero, deberían recibir apoyo profesional, para superar el trauma que les ha provocado el descubrimiento de una transgénero en el seno del hogar, para afrontar los epítetos infamantes disparados de todas partes en contra de la familia y para neutralizar la burla general.

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La peluquería, los tratamientos faciales y corporales, la cocina, las ventas ambulantes y la prostitución. Existe la prostitución transgénero porque hay quien consuma este servicio y porque muchos varones heterosexuales tienen fantasías sexuales que no pueden consumar con sus parejas. Los clientes carecen de educación sexual, lo muestran al intentar mantener relaciones sexuales sin preservativo. Muchas transgéneros que se prostituyen terminan envueltas en un ambiente saturado de alcohol y drogas.

Convencer a las transgéneros de que abandonen el mundo de la prostitución es muy difícil, porque han madurado en ese trabajo, no saben hacer otra cosa y no existe otra actividad económica que se equipare en ganancias. En el mundo de la prostitución reciben mucha violencia física, los conductores de vehículos les lanzan los carros encima y la policía las ahuyenta de las calles echándoles gas lacrimógeno o amedrentándolas con perros policías.

La peluquería y los tratamientos faciales y corporales son los mejores trabajos que consiguen las transgéneros, aquí el éxito radica en la creencia popular de que sus manos tienen un poder especial para detener la calvicie e incrementar el volumen del cabello de sus clientas o clientes. Algunas mujeres transgénero laboran como cocineras de familias tradicionalistas, sin ningún contrato de trabajo, para que sus empleadores no descubran que sus empleadas domésticas son “hombres biológicos”.

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